Wilman Villar, víctima de la dictadura castrista

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La paja en ojo ajeno (respuesta a Sánchez-Cuenca)

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Ignacio Sánchez-Cuenca publicó ayer en El País un artículo titulado Literatura política. El artículo comienza planteando a los lectores si entienden por qué en España los escritores escriben tanto sobre política y termina con el párrafo que reproduzco a continuación.

“En otros países no es tan habitual encontrarse con las opiniones políticas de los escritores en las páginas de los diarios. Basta con echar una mirada a los medios anglosajones serios, en los que el nivel de exigencia del análisis es mayor. ¿Es una aspiración desmedida acabar con la retórica de la contundencia, eliminar el matonismo verbal y reclamar argumentos y datos como materiales básicos del debate político?”

La segunda frase de este párrafo final resume la idea central de su artículo, a saber, que la abundancia de escritores que escriben sobre política hace que “la retórica” (entiendo que en la acepción peyorativa del término), “la afirmación contundente, tajante y tronante” y el “energumenismo” sustituyan los análisis rigurosos. Y la primera frase responde indirectamente a su pregunta: la razón de que tantos escritores escriban sobre política en la prensa española se debe a que esta es menos exigente que la de otros países.

Ya de entrada la pregunta de por qué escriben los escritores sobre política es extraña. Los escritores escriben por definición. Y la mejor respuesta a por qué lo hacen sobre política es a su vez la pregunta de por qué habrían de dejar de hacerlo. En democracia todos los ciudadanos pueden y deben participar en los debates sobre los asuntos públicos. Sería absurdo que los únicos que hubieran de abstenerse fueran los que más destacan por su cultura y por su talento en el uso del lenguaje. Como absurdo sería pensar que esa cultura y ese talento son incompatibles con el conocimiento de los hechos, la capacidad de análisis o el rigor argumentativo. O que hacen a quienes los poseen más propensos a la palabrería vacua o al energumenismo que a quienes carecen de ellos, aunque algo parecido parece sugerir Sánchez-Cuenca cuando dice que la buena prosa y la profundidad coinciden raramente. En cuanto a por qué los medios españoles publican sus artículos, no creo que sea muy aventurado suponer que es porque a sus responsables les consta que los lectores de sus diarios disfrutan con ellos.

En cuanto a las conclusiones, confieso que me han inquietado porque mis opiniones sobre la política española deben mucho a las reflexiones de personas como Rosa Montero, Elvira Lindo, Antonio Muñoz Molina, Fernando Savater, Rafael Sánchez-Ferlosio y, por supuesto, de los autores que Sánchez-Cuenca cita como modelo negativo: Mario Vargas Llosa y Félix de Azúa. Se da además el caso de que yo escribo sobre política en la prensa escrita, como puede comprobarse aquí. Es cierto que yo no pertenezco al selecto club de los Vargas Llosa o Azúa. Por no ser, ni siquiera soy escritor ni ensayista (Sánchez-Cuenca incluye a los ensayistas en el colectivo de sofistas contra el que arremete). Pero doy por hecho que para escribir de política en la prensa no bastará con satisfacer ese requisito negativo. Y, por si quedara alguna duda, en el artículo también se dice que los literatos “sirven de inspiración a muchos otros que, sin tener talento literario, ocupan columnas y tribunas”. Como soy un claro candidato a formar parte de esa tropa de okupas, quizá debería ahorrarme la tarea de escribir sobre política y supongo que también abandonar la política activa, pues si es dañino que escriba sobre ella, más todavía lo será supongo que la ejerza. Después de todo, si lo que dice el autor es cierto e intelectuales de la talla de los dos mencionados son paradigmas de la “retórica de la contundencia” y el “matonismo verbal”, lo mío supongo que será pornografía pura.

El problema es que el llamamiento final de Sánchez-Cuenca a la expulsión de los literatos de la polis no viene acompañado de una argumentación basada en datos contrastados y análisis rigurosos del tipo de la que él mismo propugna frente a la retórica sin fundamento que denuncia. Por el contrario, si algo brilla por su ausencia en su artículo son precisamente los datos y los análisis. De ahí que entre la pregunta que formula en la primera frase y las conclusiones de su último párrafo lo que uno encuentre no sean argumentos, sino el tipo de malas retóricas que acusa a los literatos de emplear. Lo cual no debería sorprender demasiado, puesto que no ha publicado su artículo en la exigente prensa anglosajona seria, sino en la española, esa misma en la que los capaces de escribir y razonar bien son la excepción (de hecho la única que menciona es el recientemente fallecido Javier Pradera).

Para ilustrar su tesis, Sánchez-Cuenca cita dos frases del artículo de Vargas Llosa Una rosa para Rosa, una en la que se critica la política económica del Gobierno socialista y otra en la que se alaban las propuestas del PP. Pero en lugar de contraponer a esas afirmaciones datos, análisis y argumentos, recurre al juicio de intenciones de que Vargas Llosa podría haber dicho exactamente lo contrario porque “en el fondo” le daba igual el tema, dado que lo único que pretendía era ensalzar a Rosa Díez (por medio del extraño recurso retórico, para mí hasta ahora desconocido, consistente en ensalzar a una persona a base de cantar las alabanzas de uno de sus contrincantes).

Con el artículo de Félix de Azúa Un descalabro, que es el otro que cita, es más contundente. Acusa a su autor de avinagrado habitual, de deslizarse hacia el “registro más castizo del “energumenismo”” y de adoptar “el espíritu de los comentarios brutales que abundan en los medios digitales”. Ilustra este juicio con una frase crítica con Eguiguren a la que, de nuevo, no contrapone dato o análisis alguno. Se limita descalificarla como “matonismo verbal” y, de paso, generaliza tal descalificación, de nuevo sin ningún argumento, a todos los que sostienen ciertas opiniones sobre cómo acabar con ETA. Opiniones que ni especifica y, lógicamente, menos aún analiza. Se limita a descalificarlas como “dogmas”, a reducir las críticas a Eguiguren (y Aizpeolea) a meros insultos y a describir a quienes las sostienen como seres “mitad desconcertados, mitad cabreados por el fin de ETA” (en este punto añade de paso a Jorge Martínez Reverte al club de los retores energuménicos, con motivo de su artículo La campaña electoral de Bildu).

Con ello el autor proporciona todo un ejemplo de lo que él mismo proyecta sobre los demás. En lugar de defender a Eguiguren de las críticas que se le han hecho a base de datos, análisis y argumentos, se contenta con descalificar las críticas como meros insultos y a los críticos como matones verbales, dogmáticos y psicópatas deseosos de que ETA siga asesinando. Que alguna persona moralmente sana y con un mínimo de sentido crítico pueda discrepar racionalmente del señor Eguiguren es algo que queda implícitamente excluido de antemano. Si esto no cae de lleno en lo que él mismo denomina energumenismo que baje Dios y lo vea.

Una cuestión menor pero también digna de mención es el hecho de que los dos ejemplos negativos elegidos sean escritores de acreditada trayectoria democrática que coinciden en discrepar de las posiciones filonacionalistas del Partido Socialista. También merece señalarse la coincidencia de que uno de ellos manifestara su intención de votar a UPyD y el otro claramente sugiriera que lo había hecho. No parece verosímil que la elección haya sido casual, salvo que Sánchez-Cuenca piense que, entre los buenos escritores españoles, los elegidos se lleven la palma del matonismo literario, lo cual me parece más inverosímil todavía.

Eso sí, si realmente la elección estuviera justificada, la denuncia de Sánchez-Cuenca no podría ser más oportuna porque, si las críticas de escritores como Vargas Llosa, Azúa o Martínez Reverte al pronacionalismo de la izquierda española fueran las cumbres de la retórica de la contundencia o el energumenismo, habría serias razones para preocuparse. Digo esto porque incluso los dos candidatos que aspiran a la secretaría general del PSOE han coincidido en señalar sus propias posiciones pronacionalistas como el principal error político a enmendar. Así que una de dos, o bien el energumenismo está alcanzando unos niveles de éxito alarmantes o a Sánchez-Cuenca la actualidad política le ha jugado el tipo de mala pasada que suele jugar a quienes juegan a ser más papistas que el papa.

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Ellos tienen prisa, el Derecho no

1317571737_extras_portadilla_1Estaba intentando escribir sobre esto cuando leí un artículo que decía lo que yo pensaba, solo que mejor pensado y mejor dicho. Y que además decía otras cosas muy bien vistas que no había pensado. Así que he dejado la tarea y optado por limitarme poner un enlace al artículo en cuestión. El autor es Joseba Arregi, una de las personas más honestas intelectual, política y moralmente que andan sueltas por España. Y no solo me lo parece a mí. Como demuestra la foto, también se lo parece a lo miembros de COVITE en general y a Maite Pagazaurtundua en patricular (otra de las personas más honestas, inteligentes y decentes que uno puede encontrar). El artículo ha aparecido en El Diario Vasco y su título es el del post: Ellos tienen prisa, el Derecho no. Por favor, léanlo.

PD: Otro artículo recomendable: No estamos todos, faltan los presos de Santiago González.

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Carbón a discreción

20120106elpepivin_3.jpgPor fortuna, El Roto no descansa ni el día de Reyes. Así que, además de los regalos de Sus Majestades Melchor, Gaspar y Baltasar, hemos podido disfrutar de su viñeta. Una viñeta, que, por supuesto, no por ser hoy la fiesta que es iba a dejar de ser una muestra del humor negro del que su autor es maestro.

Eso sí, quiero que quede meridianamente claro que el hecho de que la publique aquí no supone en modo alguno una toma de postura por mi parte a favor de Papa Noel, Santa Claus, San Nicolás o como prefieran llamarlo.

Sé que no escasean los españolitos fanáticos del uno o de los otros y que a ellos el carbón les agrada o desagrada según quién se lo traiga. Allá ellos. A mí lo de que me traigan carbón no me gusta nada. Ni me gustó el que me trajo San Nicolás ni me gusta el que me acaban de dejar los Reyes. Pero bueno, tendré que aguantarme con el carbón de estos como tuve que hacerlo con el de aquel.

Lo que peor llevo es que me digan que nos dejan carbón porque hemos sido malos. Seguro que debería haberme portado mucho mejor, pero también me gustaría que el señor gordito del trineo y Sus Majestades de Oriente, en lugar de echarse las culpas los unos a los otros, o al mal tiempo, me explicaran a qué se han dedicado durante estos años. Porque lo que está claro es que al negocio de los juguetes no ha sido.

Quien no me ha traído nada, ni bueno ni malo, es Olentzero. Murcia no entra en su ruta, ni siquiera ahora que al parecer tiene una compañera. Pero tengo entendido que los hechos diferenciales no han librado a nadie de su correspondiente ración de carbón. Lo digo por si alguien se hacía ilusiones y le daba por inventar y promocionar todo tipo de papanoeles locales.

(Sobre esto último aprovecho para recomiendar el artículo de Belén Altuna La novia de Olentzero, aparecido en El País el pasado 21 de diciembre.)

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Feliz Nochevieja…

2012y que 2012 nos traiga

una España y una Europa más vertebradas y solidarias

unas administraciones más austeras y transparentes

más y mejores servicios públicos

una fiscalidad más justa

una justicia más independiente

leyes electorales más democráticas

una enseñanza pública de calidad

y, sobre todo, salud y trabajo para todos.

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Vieja y nueva política

imagenLe tomé a Ortega prestado el título del artículo Vieja y nueva política que publiqué el 21 de diciembre en el diario La Verdad de Murcia. En él defiendo que los resultados de UPyD ponen de manifiesto que algo está cambiando. Los partidos viejos pueden elegir entre darse por enterados o hacer como que la cosa no va con ellos. Visto lo visto en el debate de investidura, el PP parece decidido a ensayar la segunda opción. Él sabrá.

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¿A quién teme el PP?

20110710-corrupcion-politica-indignados-0003Si ha seguido la primera jornada del debate de investidura, lo ha visto con sus propios ojos. Si no lo ha visto, se lo digo yo: a UPyD. Después de horas de buen rollito y de echar balones fuera (lo del conejito de la viñeta es un buen resumen), el candidato a la presidencia del Gobierno perdió los nervios tras la intervención de Rosa Díez. Lo sacaron de quicio dos cosas: la crítica a la Ley Electoral y la mención del problema de la corrupción. Tanto el contenido como el tono de la réplica de Rajoy dejaron meridianamente claras dos cosas. Una, que cualquier medida de regeneración democrática tendrá su oposición más frontal y airada. Otra, que las propuestas que provengan de UPyD le provocan un especial desasosiego. La prueba es que su reacción a las (escasas) menciones a la ley electoral o la corrupción de los portavoces de otros grupos las recibió con tal indiferencia que ni siquiera hizo acuse de recibo, pero en cuanto sacó a colación el tema Rosa Díez cambió la cosa.

Quedó claro también que esto no es un problema de Mariano Rajoy, sino del grupo parlamentario popular en pleno. No deja de ser curioso (y bochornoso) que lo más aplaudido por la bancada del PP fueran los rasgados de vestiduras de su líder por la mención a la corrupción. Es un buen aviso para navegantes que las ovaciones más cerradas que recibió Rajoy (en plural porque fueron varias) por parte de su grupo fueran por su hipócrita negación de que la corrupción sea, desgraciadamente, un problema ubicuo en España, como sabe cualquiera que lea, aunque sea solo de vez en cuando, algún periódico.

No se privó el ya casi Presidente de una última réplica en tono paternalista en la que animaba a UPyD a dedicarse a “cosas serias”. Pero ya era demasiado tarde. La reacción histérica suya y de los parlamentarios de su partido ya habían puesto de manifiesto qué es lo que más temen. Que esas cosas poco “serias” son las que más les duelen. Y que ese partido tan poco “serio” es el que más les quita el sueño. Lo cual, por cierto, no deja de ser una muestra de lucidez por su parte.

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Ha muerto Vaclav Havel

havel

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UPyD y los nacionalismos (respuesta a Branchadell)

07-30

Reproduzco aquí literalmente una carta enviada a (y no publicada por) el diario El País en respuesta al artículo ¿Combatir a los nacionalismos? de Albert Branchadell, que a su vez era una réplica al artículo de Mario Vargas Llosa Una rosa para Rosa, aparecido en el mismo diario:

“El 9 de noviembre, el profesor de la Facultad de Traducción e Interpretación de la UAB Albert Branchadell publicó en este diario un artículo “¿Combatir a los nacionalismos?”. En él criticaba la afirmación de Vargas Llosa (en un artículo también publicado en este diario) de que UPyD “ha combatido al nacionalismo –a los nacionalismos- con resolución y sin complejos”. Branchadell replicaba con la socorrida afirmación de que UPyD combatía, sí, los nacionalismos catalán y vasco, pero desde una posición a su vez nacionalista. En apoyo de esta tesis citaba la afirmación hecha por Rosa Díez en Barcelona en 2008 de que en España la única nación es la española, frase que según el autor “cualquier analista con cuatro nociones claras de teoría del nacionalismo” no dudaría en calificar de postulado nacionalista (español).

Quizá se deba a que mis nociones de teoría del nacionalismo son escasas y oscuras, pero pienso que la conclusión es algo precipitada y necesitaría el complemento de alguna explicación adicional del sentido en el que Rosa Díez estaba usando el término “nación”. Bastaría para ello con consultar en la página de UPyD la ponencia política aprobada en su I Congreso, en la que se defiende un concepto de nación política que poco o nada tiene que ver con el propio de los partidos nacionalistas.

En lugar de ello, Branchadell opta por el muy peculiar método exegético de dar por hecho que las posiciones de Rosa Díez coinciden con las del Partido Popular e interpretar su frase a la luz de una ponencia aprobada en un congreso del PP (ponencia que el autor considera en “clara sintonía” con la doctrina franquista). No menos sorprendente que el método hermenéutico empleado es que su uso se justifique con la afirmación de que el fragmento citado de la ponencia del PP “podría haber sido redactado directamente por Rosa Díez”.

Como miembro de UPyD me satisface que las posiciones de mi partido sean objeto de debate público. Creo sin embargo que los debates ganarían en nivel si las críticos a UPyD siguieran el procedimiento, claramente más ortodoxo desde el punto de vista interpretativo, de no basarse en textos que cada uno considere que “podrían haber sido redactados directamente” por su portavoz o en documentos oficiales de otros partidos, sino en los documentos oficiales de UPyD y en los textos efectivamente redactados por su portavoz.

Manuel Hernández Iglesias es Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Murcia y miembro del Consejo de Dirección de UPyD.”

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Retrato de Aizpeolea y Eguiguren, por El Roto

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