La cuestión más controvertida en el I Congreso de UPyD fue, al menos que yo recuerde, fue la propuesta incluida en la ponencia política de una reforma de la Constitución que establezca un modelo territorial de tipo federal.
Algunos afiliados o ex afiliados de UPyD se oponen al federalismo porque son partidarios de la liquidación el sistema autonómico y la vuelta a un Estado centralizado. Esta postura es sin duda internamente coherente porque es obvio que no se puede ser centralista y federalista a la vez. Con lo que no es coherente es con el Manifiesto Fundacional del partido, que aboga por un Estado descentralizado y por la recuperación por parte del Estado de algunas competencias (no de todas, ni de la liquidación de los gobiernos y parlamentos autónomos).
Sin embargo, hay también afiliados que, a pesar de están de acuerdo con las posiciones del Manifiesto Fundacional, ven con desconfianza la opción por el federalismo porque consideran que éste implica la concesión de mayor autonomía, o incluso soberanía, a las Comunidades Autónomas. De ahí deducen que se trata de una opción que va en la línea de las reivindicaciones de los partidos nacionalistas y, en consecuencia, en la línea contraria a la de dicho Manifiesto. Pero esto no es así. El federalismo que se defiende en la ponencia política de UPyD postula el cierre del sistema autonómico, la igualdad de competencias para todas las Comunidades Autónomas y la recuperación de algunas competencias por el Estado. Es decir, exactamente lo mismo que el Manifiesto Fundacional, sólo que añadiendo la palabra “federalismo”. O sea, llamando a las cosas por su nombre.
El problema es que las connotaciones filonacionalistas que para algunas personas tiene el término “federalismo” hacen que, para muchos, resulte tabú. Pero nada más lejos de la realidad. Si queremos un Estado políticamente descentralizado y a la vez cohesionado y viable, hay que desambiguar el concepto de Estado autonómico. Porque el autonomismo tiene dos lecturas posibles: la federal y la confederal. Y ese es el partido que se está jugando ahora en España: el partido entre los defensores de una reformas estatutarias que apuntan hacia un Estado confederal y los defensores del modelo federal. El primero está formado por los partidos nacionalistas, que lo proponen como primer paso hacia la independencia, por Izquierda Unida, que lo propone como primer paso hacia el reconocimiento del derecho de autodeterminación, y, en la práctica, y esto es lo más preocupante, también por el PP y el PSOE y PSC, que son, no lo olvidemos, los que están perpetrando las reformas estatutarias que siguen la estela del Estatuto de Cataluña. El segundo bando, el federalista, está formado por un único partido, Unión Progreso y Democracia, aunque los que a él pertenecemos estamos convencidos de que defendemos la opinión de la mayoría de los españoles.
Todo esto lo explica muy claramente Ramón Punset, Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Oviedo, en el artículo ¿Recentralizar o Federalizar?, publicado en el diario La Nueva España el 3 de enero pasado. Creo que es una lectura muy aconsejable para las personas a las que asusta la palabra “federalismo”.


En cualquier caso si se quisiese volver al centralismo total, cosa que no tiene sentido, habría que hacerlo gradualmente.
Un amigo que es persona estudiada y coherente me dijo algo con gran carga de razón: “los de UPyD no podéis quitar las autonomías y cambiarlo todo de un plumazo. Eso es imposible!!!”.
Más bien hay que redirigir la cuestión, definirla claramente (gracias Manuel) y hablar con franqueza y desde un sentido práctico acerca de lo que cada uno propone como modelo de España.
A partir de aquí argumentos a favor y en contra muchos, pero siempre sabiendo que un demócrata y/o su partido no debe aspirar a imponer su programa político, sino a alcanzarlo parcialmente con concesiones y matizaciones.