Como comenté en mi último artículo de este blog (La democracia y su antítesis), el Consejero de Cultura del Gobierno de la Región de Murcia, Pedro Alberto Cruz, fue objeto el pasado sábado de un ataque violento por el que tuvo que ser hospitalizado. Afortunadamente, parece que la operación a la que tuvo que someterse ha sido satisfactoria, evoluciona bien y ha sido dado de alta. La brutal agresión no dejará secuelas, a pesar de lo que temieron los médicos en un primer momento. Una excelente noticia. La policía ha detenido a un sospechoso, aunque hasta que no se confirme que el sospechoso es culpable habrá que ser prudente (por ejemplo no publicar el nombre y los apellidos del detenido, como irresponsablemente se ha hecho).
Todas las instituciones y organizaciones políticas, sindicales y cívicas han condenado sin paliativos esta salvajada y han expresado su deseo de una rápida recuperación de la víctima y del esclarecimiento del hecho y consiguiente castigo a los culpables. Salvo, claro está, algún descerebrado de los que nunca faltan que no se ha privado de vomitar en internet comentarios repugnantes. El PP ha presentado la oportuna denuncia, que espero que prospere y sirva de escarmiento a los que amenazan amparándose en el anonimato.
Ha habido, como es lógico, quien ha relacionado este suceso con el de Tucson. Y las maneras en que se ha relacionado son una buena muestra de la tendenciosidad a la que los opinadores habituales nos tienen acostumbrados. Quienes más insistían en relacionar el radicalismo del Tea Party con el atentado de Tucson son quienes más han insistido en desvincular el ataque a Cruz de las protestas que han tenido lugar en la Región de Murcia contra el Gobierno regional (véase sobre esto el agudo artículo Varas de medir (espaldas) de Santiago González). Y viceversa, claro. Quienes más exoneraban al Tea Party de toda responsabilidad en el tiroteo de Tucson son los que más se esmeran en relacionar la agresión de Murcia con quienes han caldeado el clima político de la Región (como ilustra el siguiente vídeo del programa El Intermedio). Esta hemiplejia intelectual y moral no es sino una más de las muchas pruebas del sectarismo de buena parte de nuestros dirigentes políticos y de sus propagandistas mediáticos. Pero señalarla y denunciarla no nos exime a los que intentamos evitar el publicismo de trinchera de pronunciarnos sobre lo sucedido, especialmente en asuntos que es imprescindible abordar con rigor, porque es mucho y muy importante lo que depende de que lo hagamos o no.
Así que voy a mojarme. No voy a insistir, por obvio, en que la agresión a Cruz no tiene ninguna justificación de ninguna clase y que, si hay alguien que no tiene ninguna responsabilidad, es la víctima. Tampoco tienen ninguna culpa ni el Gobierno regional ni los empleados públicos que se han movilizado contra las medidas de este. La mera idea de pensar que las medidas de un gobierno, las protestas contra ellas o ambas crean un clima que favorece palizas a responsables políticos es tanto como decir que la propia democracia es criminógena.
No obstante, sí hay comportamientos que crean un clima favorable a los actos violentos de los tarados de turno (como los que han agredido a Cruz, si se confirmara que ha sido por motivos políticos). Me refiero a los actos vandálicos o violentos, por supuesto. Pero no a todos ellos, sino a los que son provocados, tolerados, comprendidos, justificados o minimizados por quienes tienen responsabilidades públicas. Y en la Región de Murcia, durante las legítimas protestas en las que los empleados públicos han participado, en su inmensa mayoría, de manera absolutamente pacífica, sí se han producido actos incívicos. Y, desgraciadamente, estos actos han sido vistos con demasiada complacencia por algunos líderes sindicales. Sucesos como las concentraciones ante domicilios particulares, los lanzamientos de huevos contra esos domicilios, los seguimientos a políticos, los hostigamientos callejeros, con lanzamientos de escupitajos y objetos a los hostigados, el intento de impedir el acceso de los diputados a la Asamblea Regional y los lanzamientos de huevos (por lo que se ve el arma de moda) a los parlamentarios a la salida deberían haber sido evitados o, al menos, condenados por los líderes de las protestas. Y no ha sido así. Los líderes de las protestas los han negado o les han restado importancia. E incluso en algunos casos han incitado a ellos. Y no es menos cierto que el Delegado del Gobierno en todo momento ha intentado quitar importancia a estos hechos. En resumen, creo que los miembros del Gobierno regional y los dirigentes del Partido Popular de la Región de Murcia tenían razón cuando denunciaban estos comportamientos y la tienen también ahora cuando critican que sus denuncias no fueron tomadas en serio por quienes más en serio debieron haberlas tomado.
La consecuencia de todo esto es que la sociedad murciana parecía dividida en dos bandos: el de los partidarios de las medidas del Gobierno, que condenaban estos actos vandálicos, y los que apoyaban las protestas, que negaban, minimizaban, justificaban o incluso incitaban a ellos. No es así. Como en tantas ocasiones, los que deberían representar a la sociedad lo que hacen es proyectar sobre ella su propio sectarismo. La mayor parte de los ciudadanos que participaron en las movilizaciones no estaban en ninguno de esos bandos. Estaban expresando pacífica y democráticamente su desacuerdo e indignación por los recortes sociales y ni participaban en ningún acto vandálico ni lo justificaban. Valgan como ejemplo estos dos artículos del coordinador de UPyD en la Región de Murcia, Rafa Sánchez (que desde el primer momento apoyó las protestas de los empleados públicos y sus movilizaciones): No era inevitable y Tener un doble rasero. En el primero hace una crítica a Valcárcel, al que responsabiliza del injusto tijeretazo. En el segundo (publicado el 24 de diciembre, mucho antes del ataque al consejero), decía lo siguiente:
Es intolerable, y no es anecdótico ni una broma, que se produzcan este tipo de situaciones absolutamente antidemocráticas. Y no se pueden dar con nadie, ni del PP, ni del PSOE, ni de UPyD, que de esto Rosa Díez sabe bastante, ni de ningún partido político. El uso legítimo y democrático de las protestas no puede mezclarse con coacciones ni actos de violencia, ni alta ni baja. Las reglas del sistema democrático están para ser respetadas siempre, para todos y en cualquier situación. (El subrayado es mío.)
Aunque posiblemente ahora estén lamentándolo mucho, no recuerdo que ningún líder sindical, ni de ningún otro partido de la oposición, ni el Delegado del Gobierno, dijeran nada parecido, ni con tanto énfasis. Algo que sí hizo UPyD, como demuestra su comunicado del 23 de diciembre.
Es pues perfectamente comprensible que desde el Partido Popular, a raíz de la salvajada padecida por Cruz, se hayan recordado las agresiones que la han precedido. Y tienen toda la razón cuando se quejan de que estas fueron tomadas a título de inventario por demasiada gente. Pero nunca se tiene tanta razón como para no perderla si se sacan las cosas de quicio. Y eso es precisamente lo que están haciendo el Gobierno regional de Murcia y el PP con una serie de declaraciones en las que, a base de tirar la piedra y esconder la mano, intentan responsabilizar a la oposición política en su conjunto de lo sucedido, como si haberlos criticado a ellos o su gestión (y especialmente al Consejero de Cultura), convirtiera retroactivamente a todos los que lo han hecho en incitadores de actos terroristas. Vean por ejemplo estos extractos de una entrevista al propio Pedro Alberto Cruz:
“En los últimos tiempos me han puesto en la diana queriendo desprestigiarme” (…) “He sufrido un atentado terrorista”. (…) Comenta que ha sido señalado desde tiempo atrás por la oposición y por determinados grupos como el ’sobrinísimo’ de Valcárcel con el objetivo de hacerle más daño político y personal al presidente de la Comunidad. Eso es lo que le ha puesto en el pimpampum, sobre todo después de la aprobación de la ley de recorte de gastos y las protestas de los funcionarios. (Subrayados míos.)
No lo han criticado, no: lo han “puesto en la diana”, “señalado”, “puesto en el pimpampum”. Justamente el trabajo que hacen los muchachos de Jarrai para preparar el terreno para los tiros en la nuca de ETA. Yo soy una de las personas que han presentado la carrera política de Cruz como un caso de nepotismo; incluso he aludido a su parentesco con el Presidente Valcárcel (por ejemplo en el artículo El pseudoliberalismo del consejero), aunque quizá con poco rigor, pues lo he calificado como sobrino, en lugar de como sobrino segundo de su esposa, que creo que es más exacto. También he criticado su gestión, por ejemplo en los artículos Estereotipos y El yacimiento y los cenizos. Por si fuera poco, hace unos días participé en una concentración de protesta por la no apertura de la Filmoteca Regional “Francisco Rabal”, en la que su Consejería fue el blanco de las críticas; hasta salgo en la foto (soy el de la izquierda). Finalmente, participé en la última manifestación contra la ley que menciona. Así que, según su criterio y el de algunos amigos suyos, supongo que merezco un lugar destacado en el Jarrai murciano, entre quienes lo han “señalado” y puesto en “la diana” y “el pimpampum”.
Y no, señor Consejero, ni me considero culpable en absoluto ni puedo creer que usted pueda pensar en serio semejante cosa. Entiendo que considere infundadas o injustas mis críticas y no tendré inconveniente en rectificarlas si aporta argumentos convincentes. Lo que no puedo aceptar ni creer que pueda usted pensar es que me hagan mínimamente responsable de la salvajada de la que ha sido víctima. No soy ningún terrorista, no he incitado a nadie a cometer actos terroristas, no he comprendido ni justificado ningún acto vandálico contra nada ni violento contra nadie. Y tampoco lo ha hecho mi partido. Tanto mi partido como yo hemos mantenido siempre una posición inequívoca de oposición activa a toda forma de terrorismo y de violencia. Puedo proporcionarle nombres y direcciones de responsables de organizaciones de víctimas del terrorismo que podrán confirmarle que en ese tema nadie tiene autoridad moral para darnos lecciones (salvo ellos mismos). Puedo presentarle a amigos y compañeros que sí han escuchado lo del “pim-pam-pum” y a los que han pintado dianas en sus portales quienes sí se dedican a “señalar” objetivos a bandas terroristas (los conocí en movilizaciones contra ETA como la de la foto de arriba, celebrada en San Sebastián en diciembre de 2003). Pero le advierto que no sé si les gustará mucho que se recurra a ese lenguaje de dianas y pimpampunes para describir las críticas a su gestión o a su idoneidad para el puesto que desempeña.
Ha sido usted objeto de una agresión espantosa. Celebro que se le haya dado ya el alta y deseo que pueda reincorporarse a sus obligaciones como Consejero muy pronto. También deseo que se identifique, detenga, juzgue y condene cuanto antes a los energúmenos que lo han atacado. Y permítame que le pida, y también a sus compañeros de Gobierno y de partido, que distingan entre quienes usamos solo la palabra y quienes actúan violentamente. No confundamos al adversario con el enemigo. Meter a todos en el mismo saco solo beneficia a los violentos y a quienes los azuzan, los comprenden o quitan importancia a sus acciones. Que los hay, y más de la cuenta; me remito a lo dicho más arriba. Pero, por muchas críticas que le hayamos hecho y por muchas que le hagamos en el futuro cada vez que consideremos que su gestión las merece, ni UPyD ni yo nos contamos entre ellos. Y no creo que nadie pueda de buena fe creer lo contrario, salvo que realmente piense que es la democracia misma la que es criminógena.


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Estupendo artículo. ¡Sólo faltaba que no se pudiera criticar la gestión del personal!
Estimado Manolo, aunque discrepo mínimamente en algunos lugares de la argumentación, me parece una de las visiones más justas y elegantes que he podido leer hasta el momento. Gracias.
Hablando de dianas: justo en la diana.
Hace unos pocos años, van a ser siete, alguien decidió que el espíritu de reconciliación nacional, nacido de la reforma política franquista, estrenado con la nueva democracia y patente en el espíritu de la Constitución de 1.978 (refrendada por la mayoría del pueblo español), no convenía a sus intereses partidarios y partidistas.
Parece ser que el “buen rollito” alternante no satisfacía el marketing ni los deseos de poder absoluto y perenne de ZPelig (ver síndrome de Zelig en wikipedia), así que inició la ruptura de todo consenso con el otro partido (cordón sanitario incluído, que debe de ser muy democrático y progresista) y empezó a dinamitar todos los puentes construídos desde 1.977. Basando su acción de gobierno en una sistemática oposición a la oposición.
No hace falta recordar la confesión a Iñaqui Gabilondo -”off the record”- que el micrófono traidor reveló: “Nos interesa que se mantenga la crispación”
No era mala la estrategia, que sin otro bagage político que el firme convencimiento y la determinación de mantenerse en el poder a costa de lo que fuera y como fuera, le ha brindado dos legislaturas de residencia en la Moncloa (espero… que ni un minuto más).
De aquellos polvos puede que vengan estos lodos. Y abundando en el refranero… Quien siembra vientos, recoge tempestades.
Lo malo es que la tempestad, una vez desatada, suele afectar a quienes nunca jugaron con brisas.
Debería de ser exigible la responsabilidad civil por los daños y perjuicios ocasionados a la democracia española, no solo al ZPelig, sino como responsable subsidiario al partido que lo encumbró tan irresponsablemente.