En la alegoría de la caverna platónica, quienes están acostumbrados a las tinieblas tienen dificultades para percibir los objetos mismos, y toman como más reales los reflejos, las copias e incluso las sombras de las copias que los originales. El oscurantismo de la política española produce un efecto similar al de los prisioneros de la caverna de Platón, lo que da lugar a que se ignoren o se desdibujen las propuestas de reforma originales y se conceda realidad a lo que no son sino sombras y sonidos distorsionados.
El caso del llamado “MIR educativo” es paradigmático. La propuesta original de UPyD fue ignorada por el resto de la clase política, que ni siquiera se molestó en criticarla. Para la opinión pública, fue como si no existiera. Hasta que en un determinado momento, un candidato a la presidencia del Gobierno decidió hacerla suya y, por una especie de acto reflejo pauloviano, portavoces del principal partido rival se atribuyeron su autoría. Esto, en sí mismo, no tendría por qué importar gran cosa a la ciudadanía, a la que lo que le preocupa es que se propongan soluciones a los problemas, y no quién las proponga o a quién se le hayan ocurrido primero. Lo que sí debe preocuparle es que le den gato por liebre, es decir, que la copia sea una versión deformada del original. Y eso es lo que sucede en este caso. La idea original ha sido tan distorsionada que solo guarda con ella un parecido tan superficial que casi se reduce al nombre con el que coloquialmente se la ha dado en llamar.
La propuesta original de UPyD (véase el post La verdad sobre el “MIR educativo”) era y es una alternativa al actual sistema de formación y selección del profesorado. Implica, para empezar, la supresión del actual máster de formación del profesorado de secundaria, que, más que reemplazar al antiguo CAP, era un CAP corregido y aumentado. Dicho máster se sustituiría por un proceso de selección y formación en dos fases: una prueba científica (para la que sólo se exige el graduado) y una fase de formación práctica remunerada en los centros, cuya evaluación positiva capacitaría para el ejercicio de la profesión docente.
La copia, como puede comprobarse en borrador del Ministerio de Educación, poco tiene que ver con el original. Es, por el contrario, una propuesta ultraconservadora que mantiene tal cual el sistema vigente y, además, le añade una fase de prácticas en los centros. Lo que se está proponiendo no es pues una alternativa, sino todo lo contrario. Los graduados tendrán que seguir cursando, en primer lugar, el máster en secundaria, con sus (muy insuficientes) prácticas incluidas, y pagando las tasas (no cobrando). Después deberán hacer un concurso oposición como el actualmente vigente. Y luego, además, y esta es la novedad, tendrán que realizar un periodo de prácticas al que seguirá una prueba.
La diferencia es importantísima. Lo que se pretende con la propuesta de MIR educativo de UPyD es incentivar a los mejores estudiantes para que, sin más requisito que su título de grado, puedan realizar las pruebas de acceso formarse como profesores en los centros docentes haciendo prácticas remuneradas (como en el sistema MIR de formación de especialistas médicos). Lo que propone el Ministerio es añadir un obstáculo más al proceso de formación y selección, alargándolo todavía más y obligando a los aspirantes a realizar unas prácticas y unas pruebas para acreditar aquello que teóricamente ya han acreditado dos veces: en el concurso-oposición, que actualmente incluye pruebas de aptitud didáctica, y en el máster, que se supone que capacita precisamente para eso (algo así como si los graduados en Medicina tuvieran que hacer primero un máster de especialidad, y su prueba correspondiente, luego el examen de MIR, luego el MIR propiamente dicho y finalmente una prueba).
Partimos todos de la base de que los futuros profesores, además de una formación académica cuanto más sólida mejor, deben adquirir una formación didáctica. Sobre esto, la pregunta crucial es: ¿capacita el máster de secundaria actual esa formación?
Si la respuesta es que sí, entonces tanto el periodo posterior de prácticas como su prueba final (es decir, lo que el Ministerio propone añadir) son innecesarios. Y añadir innecesariamente años de formación y pruebas de aptitud lo que hará será disuadir a los graduados de dedicarse a la enseñanza (especialmente a los que tengan más capacidad para elegir otra profesión). El resultado será que seguirá sucediendo lo que ya sucede, solo que todavía más: que la vía principal de acceso a la profesión, de hecho, es la acumulación de años de interinidad.
Si la respuesta es que no (que es la respuesta correcta, y la idea de añadir una fase de prácticas y su correspondiente examen final lo reconoce implícitamente), entonces lo que hay que hacer es suprimirlo o al menos eliminarlo como requisito.
UPyD apuesta por lo segundo. El Ministerio ni por lo primero ni por lo segundo: propone, de manera absolutamente incoherente, las dos cosas a la vez. En cuanto al Partido Popular, nadie sabe lo que propone, y ellos mismos menos que nadie. Como en tantas cosas, se limitan a esperar en el banquillo a que el titular se lesione y haya que sustituirlo. Por no hacer, no hacen ni ejercicios de calentamiento, no sea que se lesionen ellos antes de entrar al campo.
Conclusión: busque, compare, y elija lo que le parezca mejor. Y, en caso de duda, opte siempre por el original y desconfíe de las imitaciones, no le pase lo que a los prisioneros de la famosa caverna de Platón.


Últimos Comentarios