Zombi y, además, en tiempo récord. Casi se podría decir que este gobierno en realidad nació muerto. Era llamativa la reticencia de Rajoy a explicarnos qué iba a hacer para sacar a España de la crisis. Parecía bastante claro que no estaban en su agenda reformas políticas y que se iba a limitar a medidas económicas. Pero tampoco nos explicaba cuáles iban a ser esas medidas. La propaganda del PP se limitaba a explicarnos las bondades de la creación de empleo, como si los ciudadanos necesitáramos que se nos convenciera de tal cosa. Y se cuidaba muy mucho de decirnos qué iban a hacer si ganaban las elecciones par alcanzar tan deseable objetivo.
Las pocas veces en que alguien conseguía arrancar alguna frase a Rajoy y su círculo sobre el tema, la única palabra que se añadía a “empleo” era “confianza”, como si la confianza de ciudadanos, inversores y socios europeos se consiguiera a base de repetir una y mil veces la palabra. Rajoy se comportaba como si hubiera heredado el pensamiento mágico de su predecesor y creyese que su mera entrada en la Moncloa produciría como por ensalmo confianza en los mercados, aumento de la inversión y empleo. Sí decía, y con mucho énfasis, que sabía lo que había que hacer y que tenía la determinación de hacerlo. Lo malo es que, como no se dignaba a compartir con nosotros eso que él decía que sabía que había que hacer y que tanta determinación tenía de hacer, la confianza de los ciudadanos más bien disminuía.
Algunos (especialmente los dirigentes y propagandistas del PSOE) explicaban este silencio por un supuesto plan de reformas muy impopulares que Rajoy prefería ocultar. Y el hecho de que el Gobierno de Rajoy postpusiera la aprobación de los presupuestos hasta después de las elecciones andaluzas y asturianas y mantuviera sonoros silencios sobre cuestiones importantes parecía abonar esa hipótesis de una agenda oculta. Pero el tiempo ha demostrado que la hipótesis de que Rajoy tenía una agenda, aunque fuera oculta, pecaba de optimista. El verdadero misterio Rajoy era en realidad que no había tal misterio. Rajoy no explicaba su plan para afrontar la crisis por la sencilla razón de que nunca existió tal cosa. No ocultaba nada porque no había nada que ocultar. Todo lo que había estaba a la vista: nada.
Evidentemente, la llegada a la Moncloa de Rajoy no produjo efectos taumatúrgicos. Tampoco las medidas que ha ido improvisando para ir saliendo del paso, convirtiéndose con ello en un discípulo aventajado de su predecesor precisamente en aquello que más y con más razón le criticaba. Ya empezó mal, con una victoria que no se basó en su crecimiento electoral (más bien escaso), sino en el desplome del principal adversario. Siguió mal, con unos niveles de popularidad en las encuestas realmente lamentables para un Gobierno recién estrenado y con un fracaso electoral en las dos elecciones autonómicas celebradas poco después de las generales ante un rival todavía noqueado. O sea, que este Gobierno no es que haya ido perdiendo fuelle, es que no ha llegado a despegar.
Prueba de ello son las propias intervenciones de Rajoy en el Congreso de los Diputados. En ausencia de ideas y programa, su recurso fundamental es, en la mala tradición de Aznar y Zapatero, descalificar a la oposición y pasar la mano por el lomo a las derechas nacionalistas. Ha perdido incluso esa templanza que tanto se le alababa, como demuestran sus airadas respuestas a Rosa Díez (ni con los proetarras pierde los estribos como con ella). No sé a qué se deberá esta histeria que le provocan UPyD en general y su portavoz en particular. Si fuera manifestación de algún tipo de neurosis fóbica, algún terapeuta competente debería tomar cartas en el asunto con la máxima urgencia. Pero es más verosímil pensar que lo que sucede es que es consciente de que, oposición política, lo que se dice oposición política, es la única que tiene. Lo cual explica también que las propuestas de UPyD pongan al PSOE e IU tan de los nervios o más que al propio Gobierno. Si es así, no cabe hablar entonces de fobia alguna. Las fobias son miedos irracionales y, en este caso, se trataría de un miedo absolutamente racional y justificado: el miedo a quienes defienden la única alternativa democrática creíble a su ausencia de política. Una ausencia de política que en vano trata de compensar a base de declaraciones tan solemnes como vacías y de malos modos.
(Para muestra de esa histeria a la que me refiero, un botón. Miren este vídeo con las respuestas de los portavoces de PP, PSOE e IU en el Ayuntamiento de Madrid a la propuesta del concejal de UPyD Jaime Berenguer de reducción de los salarios de los ediles. Merece la pena.)


El del psoe:
En su respuesta dice textual:
“En temas como la comprensión de lo que la susesasuciedad SE SUFRE”
¿¿¿¡¡¡QUÉ!!!??? Escucha tus propias palabras.
Habla de elegír profesores. lo que sucede que ese señor está en un parlamento político. Quizá se situó en la escuela, pensando en la cartera, lo de los donuts parece asegurado.
¡¡Comparte!!. El plato más sencillo entre personas que se aman sabe más y mejor. Existe otra forma de pensar, Usted pertenece a una formación socialista, se le supondría que si tiene esa otra forma de pensar.
La del Richard Gere:
Si bonito, pero la idea era para todos. Igual recuerdas aquella película de Woody Allen, Bananas. Es tiempo de Responsabilidad Colectiva ó cambiar las siglas que representas.
La de ese señor del pp:
Mire Usted, ¿de que se ofende?
Seguro que está de acuerdo en mejorar los problemas que existen y Usted como político en
Responder con Argumentos, hay que Buscar Acuerdos para TODOS, es la única fórmula que funciona. Si Usted está en desacuerdo con la exposición hecha tiene toda la razón en explicarnos cual es su pensamiento. Lo único que hace es defenderse, ¿de qué?.