La legalización de Sortu o la política de la superstición

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Una familia no muy bien avenida parecía empezar a normalizar sus relaciones, pero esa normalización topó con el escollo de la enfermedad de uno de sus miembros. En un primer momento la dolencia se atribuyó al estrés de las tensiones precedentes, que, por alguna razón, muchos pensaban que habían resultado particularmente traumáticas para el enfermo. La mayoría confió por ello en que iría poco a poco remitiendo de forma espontánea. Pero la enfermedad no solo no remitía, sino que se iba agravando. En este punto surgieron discrepancias entre los familiares sobre la terapia a seguir. Algunos defendían las terapias convencionales, otros optaban por terapias alternativas de diversos tipos, convencidos como estaban o decían estar de que las convencionales eran contraproducentes. No faltaron tampoco los escépticos que se resignaron a que la enfermedad se cronificara; era, pensaban, algo con lo que, simplemente, debían acostumbrarse a convivir y de cuya posible curación optaron por [...]