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El pasado 29 de diciembre murió en San Sebastián Antonio Beristáin, lo que significa que no tendré la oportunidad de conocer a una persona a la que admiro por lo que he sabido de ella por los medios de comunicación, por las (pocas) publicaciones que le he leído y, sobre todo, por el testimonio de amigos que han estado en primera línea de la resistencia cívica contra los terroristas, sus cómplices y los indiferentes. Sirva este breve post como homenaje a la memoria de un hombre justo, inteligente y valiente, que tenía el mérito añadido de que su solidaridad con las víctimas le obligaba a nadar contra la corriente dominante en la Iglesia vasca a la que pertenecía. Pero, ya que no el de sus superiores y sus pares eclesiásticos, su compromiso sí le valió a este jesuíta el reconocimiento de las víctimas de ETA, cuya última expresión pública fue la concesión del [...]


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