La paradoja de la identidad y el contingentismo político

fregeMientras el PP y CiU deshojaban la margarita de la moción de censura, el Presidente del Gobierno les ha ganado por la mano. Ha decidido que la moción de censura la va a presentar él. Y, como la Constitución establece que tales mociones deben ser constructivas, es decir, con candidato alternativo, ha elegido uno, a saber, él mismo. Y, ni corto ni perezoso, se presentó ayer en el Congreso de los Diputados para anunciar que, a partir de ahora, Rodríguez Zapatero será el nuevo presidente del Gobierno en sustitución de Rodríguez Zapatero. ¿Paradójico? No tanto como parece.

Tomemos el título del editorial de hoy de El País: “Zapatero contra ZP”. Y comparémoslo con un ejemplo clásico con el que los profesores de Filosofía del Lenguaje torturamos inmisericordemente a nuestros alumnos año tras año. Si yo digo que el lucero del alba es el lucero del alba estoy diciendo una perogrullada. Si digo que el lucero del alba es el lucero vespertino estoy diciendo algo informativo y además verdadero, puesto que el lucero del alba y el lucero vespertino son el mismo cuerpo celeste, el planeta Venus. Así que en realidad estoy diciendo lo mismo en los dos casos. Pero, y esto es lo que se conoce como la paradoja de la identidad, ¿cómo puede ser que una frase sea una perogrullada y la otra sea informativa, si ambas dicen lo mismo? La solución clásica a esta paradoja es que, aunque las expresiones “lucero del alba” y “lucero vespertino” designan la misma cosa (en la jerga filosófica, tienen la misma referencia), no significan ni comunican lo mismo (en la jerga, tienen distinto sentido). La primera designa al último cuerpo celeste en desaparecer al amanecer y la segunda al primero en aparecer al atardecer. Por eso, si digo que he madrugado para ver el lucero del alba suena normal, mientras que si digo que he madrugado para ver el lucero vespertino suena raro por mucho que, gracias a los astrónomos, sepamos que ambos son idénticos.
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El dedo (y la luna)

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Y no me refiero al poco decoroso gesto que un ex-presidente del Gobierno dirigió a quienes lo increpaban. Estoy pensando en el tópico de que cuando a un tonto se le señala la luna, mira el dedo. No siempre es verdad, porque a veces lo inteligente es mirar al dedo. Pero casi siempre lo es, y la información y los debates en los medios de comunicación que han provocado el reciente pleno del Congreso sobre la crisis económica no son una excepción. Es evidente: el Presidente del Gobierno y el líder del principal partido de la oposición, sus partidos respectivos y los medios de comunicación al servicio del uno o del otro (o sea, prácticamente todos) nos toman por tontos. Y, en consecuencia, dan por descontado que lo nuestro es mirar el dedo.

Vean si no los informativos de la tele, o escuchen las tertulias radiofónicas, o lean los titulares [...]

La palabra olvidada

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El diario La Verdad me publica hoy un artículo titulado La palabra olvidada. Me doy cuenta ahora de que el título puede sonar un poco metafísico-poético, pero no es así. La palabra a la que me refiero no es La Palabra en general, ni hermosos vocablos como “verdad”, “justicia” o “belleza”. Se trata de algo mucho más material: la productividad.

El optimismo presidencial

optimistaHasta hace poco, según el presidente Zapatero, la crisis era una crisis financiera reducida a los Estados Unidos y contra la que nuestro sistema bancario estaba inmunizado. Luego reconoció que había problemas económicos derivados de las réplicas de la crisis financiera norteamericana y de la subida del precio del crudo. Como la crisis continuaba a pesar de que el precio del crudo empezó a bajar, ya reconoció que había “desaceleración” (luego “desaceleración acelerada”). Pero claro, llega un momento en que negar la evidencia resulta imposible y no ha habido más remedio que reconocer que sí, que hay una crisis económica mundial en toda regla.
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