
Ignacio Sánchez-Cuenca publicó ayer en El País un artículo titulado Literatura política. El artículo comienza planteando a los lectores si entienden por qué en España los escritores escriben tanto sobre política y termina con el párrafo que reproduzco a continuación.
“En otros países no es tan habitual encontrarse con las opiniones políticas de los escritores en las páginas de los diarios. Basta con echar una mirada a los medios anglosajones serios, en los que el nivel de exigencia del análisis es mayor. ¿Es una aspiración desmedida acabar con la retórica de la contundencia, eliminar el matonismo verbal y reclamar argumentos y datos como materiales básicos del debate político?” Leer más sobre La paja en ojo ajeno (respuesta a Sánchez-Cuenca)
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Estaba intentando escribir sobre esto cuando leí un artículo que decía lo que yo pensaba, solo que mejor pensado y mejor dicho. Y que además decía otras cosas muy bien vistas que no había pensado. Así que he dejado la tarea y optado por limitarme poner un enlace al artículo en cuestión. El autor es Joseba Arregi, una de las personas más honestas intelectual, política y moralmente que andan sueltas por España. Y no solo me lo parece a mí. Como demuestra la foto, también se lo parece a lo miembros de COVITE en general y a Maite Pagazaurtundua en patricular (otra de las personas más honestas, inteligentes y decentes que uno puede encontrar). El artículo ha aparecido en El Diario Vasco y su título es el del post: Ellos tienen prisa, el Derecho no. Por favor, léanlo.
PD: Otro artículo recomendable: No estamos todos, faltan los presos de Santiago [...]
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Los trileros son esos individuos que colocan una mesa en la calle con tres cartas encima (o con una bolita y tres tapones). El juego consiste en que el trilero mueva las cartas o los tapones y el jugador apueste a que adivina dónde está, por ejemplo, el as (o la bolita). Si lo adivina, el trilero le paga lo apostado; si no lo adivina, el jugador paga lo apostado al trilero. Eso sólo en teoría, claro, porque en realidad no hay tal juego.
La cosa funciona así. El curioso de turno se detiene a observar el supuesto juego y se encuentra con la siguiente escena. El trilero mueve las cartas o tapones con rapidez, pero no con la suficiente como para que no se pueda seguir la pista a la carta ganadora o la bolita. Frente a la mesa hay dos jugadores. Uno no da pie con bola y [...]
El racionalismo crítico es el nombre que eligió para definir su filosofía Karl Popper, sin duda uno de los grandes pensadores del pasado siglo. El punto de partida del racionalismo crítico es que la esencia de la racionalidad es la contrastación de nuestras teorías con los hechos observados y la disponibilidad para abandonarlas si estos entran en contradicción con aquellas. Toda teoría que se precie debe generar predicciones y mantenerse solo si esas predicciones tienen éxito. Esto, en la jerga filosófica, se expresa diciendo que una teoría racional debe ser falsable, es decir, susceptible de ser refutada por la experiencia. De lo anterior se sigue que la formulación de teorías infalsables, o sea, blindadas contra toda posible evidencia, es incompatible con la actitud crítica imprescindible para el progreso del conocimiento. Más grave todavía es el empecinamiento en mantener una teoría a pesar de que sus predicciones fracasen una vez tras otra. Tal actitud se ubicaría en la antítesis misma del pensamiento racional.
Aunque, por desgracia, no es difícil encontrar en la política ejemplos de pensamiento acrítico (valga el oxímoron), ninguno es tan clamoroso como la insistencia de ciertas almas bellas en la necesidad de un diálogo con ETA o con su clac. Tan pertinaz es su resistencia a considerar falsada su tesis por los hechos que uno no sabe bien si escandalizarse o enternecerse ante la contumacia de quienes, inasequibles al desaliento, perseveran en sus empeños de construir mesas, puentes o pistas de aterrizaje para los terroristas o su hinchada. Lo que es desde luego inútil es tratar de convencerles con argumentos basados en los hechos, porque si hay algo suficientemente claro a estas alturas es que su apuesta por el diálogo es un dogma de fe inmune a toda posible refutación. En caso contrario habría sido abandonada hace ya mucho tiempo.
Porque si hay algo que no ha escaseado precisamente han sido los diálogos con ETA y su entorno. Incluso estuvieron acompañados de declaraciones de alto el fuego o de treguas de diversa adjetivación que fueron objeto de sesudas exégesis. Exégesis en las que siempre se obviaba la parte fundamental de las declaraciones: que ETA condicionaba el cese definitivo de sus crímenes a la aceptación de sus objetivos de siempre. Unos objetivos que, hay que reconocer, nunca ha ocultado. ¿Para qué ocultarlos, si daba igual? Según las almas bellas, el diálogo permitiría que ETA, o al menos sus fans, dijeran lo que en realidad estaban deseando decir, que era, ¡qué feliz casualidad!, lo que las almas bellas querían que dijera. El problema es que ni ETA ni su hinchada sabían que lo que en el fondo deseaban decir era lo que sus psicoanalistas decían que deseaban decir. Y, claro, no lo decían. Con lo cual los diálogos, uno tras otro, fracasaron. Lo que no ha impedido que las almas bellas sigan presentando la negociación como la piedra filosofal que transformará el plomo en oro y celebrando cada nueva tregua con fe renovada en que, esta vez sí, es la buena. Leer más sobre ETA y los infalsables
Rosa Díez ha dicho, en declaraciones a diversos medios (Onda Cero, COPE), que el último comunicado de ETA “huele a muerto”. Y, en efecto, huele a muerto. Primero, por lo que dice ella: porque termina, como siempre, amenazándonos a todos. Pero también porque la que cada vez huele más a cadáver es la propia ETA. Y ese olor a descomposición intranquiliza a más de uno. Sucede como con los dictadores. Cuando un dictador empieza a oler mal, quienes piensan que tienen algo que perder con su desaparición suelen intentar disimular el hedor. Y cuando ya ni eso es posible, procuran prolongar la agonía al máximo, con una crueldad que ni las víctimas de la dictadura hubieran practicado contra su victimario. El motivo de tan inhumano comportamiento es, por un lado, tratar de rebañar las últimas migajas del botín y, por otro, ganar tiempo para reubicarse y evitar entrar en los nuevos tiempos con el paso demasiado cambiado. Leer más sobre Los exegETAs
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Aunque mis vacaciones terminaron hace más de una semana, como bloguero me he tomado unos días extras. Pero ya estoy de vuelta y supongo que lo procedente es hacer un pequeño balance de lo que nos ha deparado políticamente este mes de agosto y comienzo de septiembre. Y la verdad es que el balance es cualquier cosa menos positivo. Hemos asistido a espectáculos particularmente bochornosos. Por ejemplo, el de un ministro de asuntos exteriores que actúa como si el bloqueo de una de nuestras fronteras no fuera con él. O el de una ministra de igualdad que intenta hacerse la tonta ante manifestaciones claramente machistas contra las policías españolas. O el de una secretaria de organización y una responsable de política internacional de un partido en el gobierno que sonríen embelesadas ante un dictador y no tienen un minuto que dedicar a sus víctimas (ahí está el vídeo de tan entrañable acto). O el [...]
Tras las elecciones al Parlamento Vasco de 2001, Fernando Savater publicó un artículo con el llamativo título de “Viva el perder”. No es que al hombre le hubiera dado un súbito arrebato de nihilismo político. Al contrario, era un llamamiento a perseverar en una estrategia ganadora, la del entendimiento de los partidos constitucionalistas (simbolizado en la foto), que estaba poniendo al nacionalismo vasco contra las cuerdas. Con ese llamamiento, Savater trataba de evitar que los partidos constitucionalistas, especialmente el socialista, que era el que se sentía más tentado, cometieran el error de abandonar esa estrategia ganadora sólo porque no alcanzara todos sus objetivos a la primera. Leer más sobre ¡Viva el ganar!
Las declaraciones del presidente del Partido Socialista de Euskadi, Jesús Eguiguren (a la derecha de la foto y pasándolo estupendamente con Otegi) han vuelto a poner de actualidad uno de los mayores fracasos del Gobierno de Rodríguez Zapatero, el mal llamado “proceso de paz”. Se trata de un fracaso rotundo en un problema muy importante en el que la mayoría de los ciudadanos está muy sensibilizada. No obstante, no parece que la factura electoral pagada por el PSOE fuera muy elevada. Esto ha hecho que algunos, por sectarismo político o, simplemente, por cierto pesimismo misántropo, hayan concluido que a la mayor parte de los votantes socialistas el problema de ETA no le importa lo suficiente o, al menos, no le repugna la idea pagar un precio político a ETA a cambio de que deje de matar. Leer más sobre ¿Y ahora qué, Sr. Fiscal? ¿Rumbo a Guantánamo?
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