Corrupción, partitocracia y populismo

forges-vineta-saludo-subvenciones.jpgEl artículo 6 de la Constitución Española dice lo siguiente: “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política.” Los partidos son por lo tanto una pieza clave de nuestra democracia, por lo que su desprestigio es algo que debe preocuparnos a todos, no solo a sus afiliados y dirigentes. El desapego hacia los partidos no puede por menos de terminar por afectar a la instituciones democráticas mismas. Por esta razón, los datos de los estudios de opinión según los cuales los ciudadanos españoles perciben a los partidos y los políticos como el tercer problema más grave (sólo por detrás del paro y la crisis económica) son muy alarmantes, dado que implican que la ciudadanía ve como parte del problema a quienes corresponde ser parte esencial de la solución.

Lo malo es que hay realmente razones para ese desprestigio, y la corrupción es una de las más determinantes. Por supuesto que ninguna organización puede impedir al cien por cien que se suban a su carro personajes indeseables. Pero, cuando la corrupción y el nepotismo llegan a ciertos extremos, hay que concluir que los partidos que se reparten el poder han eludido su responsabilidad de proponer a los ciudadanos personas realmente dignas de confianza. Peor todavía: si partimos del supuesto, del que no me cabe duda, de que la mayoría de los afiliados a dichos partidos son personas decentes, hemos de concluir que en su seno se ha impuesto una fuerte selección negativa. No hay otra explicación para la corrupción rampante que padecemos.
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Camus y Orwell, según Savater

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Dos modelos de  honestidad moral, que supieron resistir la tentación de que los sectarismos nublaran su inteligencia, y que pagaron un alto precio por ello. Fernando Savater les rinde homenaje en su artículo Dos cabalgan juntos, cuya lectura aconsejo vivamente. Me limitaré a citar una frase de Orwell que Savater cita en el artículo y que es de las más lúcidas que jamás haya leído sobre el nacionalismo: “Todo nacionalista está obsesionado por la creencia de que el pasado puede ser alterado”.

El laicismo de UPyD

Una de las manifestaciones más cargantes de la mala educación es la de preguntar algo para tomar el intento de respuesta, que no se tiene la menor intención de escuchar, sólo como pretexto para soltar al interrogado una perorata no solicitada. Un ejemplo que todos hemos padecido alguna vez es el del pelmazo que te pregunta por tu salud y, en cuanto abres la boca, te interrumpe y te larga su historia clínica con pelos y señales. Otro ejemplo al que me he tenido que ir acostubrando desde hace un par de años es el de los sectarios que preguntan por la ideología de UPyD, no para informarse, sino para exactamente lo contrario, para encontrar una excusa que les exima de tomarse esa molestia. No has terminado la primera frase cuando te cortan con un “bueno, sí, pero, vamos a ver, UPyD qué opina sobre esto“, donde el esto es algo que para ellos marca la diferencia entre el vicio y la virtud, con la esperanza de que tu respuesta coloque a UPyD, sin remisión, en el lado oscuro.
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Popularidad vs civismo

Les propongo un experimento mental. Intenten imaginarse un cartel como el de la ilustración, que seguro que les es muy familiar, pero sustituyendo a Guevara por Lenin, Mussolini, Stalin, Hitler, Mao, Pinochet, Castro, Franco (joven), José Antonio Primo de Rivera o un etarra que dejo a su elección. ¿A que pueden imagianrlo sin demasiado esfuerzo? ¿Y a que además se imaginan también fácilmente a alguien comprando del póster y colocándolo en una de las paredes de su casa? Ahora intenten imaginar que quien sustituye a Guevara es Churchill, Roosevelt, Willy Brandt, Giscard d’Estaing, Olof Palme, Suárez, González o Pujol. ¿A que cuesta bastante más, salvo a lo sumo como chiste? ¿Y a que la escena de alguien colocando uno de estos carteles en su casa resulta totalmente inverosímil?
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¡Viva el ganar!

Foto+Savater,+Redondo,+MayorTras las elecciones al Parlamento Vasco de 2001, Fernando Savater publicó un artículo con el llamativo título de “Viva el perder”. No es que al hombre le hubiera dado un súbito arrebato de nihilismo político. Al contrario, era un llamamiento a perseverar en una estrategia ganadora, la del entendimiento de los partidos constitucionalistas (simbolizado en la foto), que estaba poniendo al nacionalismo vasco contra las cuerdas. Con ese llamamiento, Savater trataba de evitar que los partidos constitucionalistas, especialmente el socialista, que era el que se sentía más tentado, cometieran el error de abandonar esa estrategia ganadora sólo porque no alcanzara todos sus objetivos a la primera.
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El tribalismo

burka_graduationLa gente que se mete en política tiene la costumbre de repetir a diestro y siniestro que lo hace sólo por motivos altruistas y que sus responsabilidades políticas suponen un sacrificio personal. Y algunos no sólo lo dicen, sino que además, se lo creen; lo cual es más grave, porque quien se engaña a sí mismo es más peligroso que el que engaña a los demás. Yo, desde luego, tengo muy claro que si estoy en política es, al menos en buena medida, por egoísmo. Un egoísmo de miras amplias, pero egoísmo al fin y al cabo.
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